NUESTRA SEÑORA DE LA CARIDAD DEL COBRE
 

La Virgen de la Caridad fue coronada por S.S. Juan Pablo II como Reina y Patrona de Cuba el sábado 24 de Enero de 1998, durante la Santa Misa que celebró en su visita apostólica a Santiago de Cuba.

La tradición cuenta que en los primeros años del siglo XVII, dos indígenas y un niño negro esclavo de aproximadamente diez años, salieron en busca de sal desde Barajagua a la bahía de Nipe.

Los dos indígenas se llamaban Juan de Hoyos y Rodrigo de Hoyos y el niño, Juan Moreno, se los recuerda como "los tres Juanes"

Estas tres personas que trataban de encontrar sal, sólo pudieron llegar hasta la mitad de la Bahía de Nipe, a Cayo Francés, donde acamparon para refugiarse de una tormenta que se avecinaba.

Pasado el temporal, reanudaron su viaje rumbo a las salinas de la costa. Pero de repente vieron venir un objeto blanco que flotaba sobre las olas y se les acercaba lentamente. Al principio creyeron que era un ave marina o ramas secas, pero aproximándose, vieron que se trataba de una imagen de la Virgen María con el niño. La tabla en donde estaba la pequeña estatua tenía una inscripción que decía: "Yo soy la Virgen de la Caridad", y según se cuenta, a pesar de la tormenta y del movimiento de las olas, ni la imagen de la Virgen, ni su ropa estaban mojadas.

En el año 1687, el último testigo presencial, Juan Moreno de 85 años de edad, daba testimonio de dicho acontecimiento así:

"...Estando una mañana la mar en calma salieron de dicho cayo francés para la dicha salida antes de salir el sol, los dichos Juan y Rodrigo Hoyos y este declarante. Embarcados en una canoa y apartados de dicho cayo francés vieron una cosa blanca sobre la espuma del agua, que no distinguieron lo que podría ser, y acercándose más les pareció un pájaro y ramas secas. Dijeron dichos indios, parece una niña, y en estos discursos, llegados, reconocieron y vieron la imagen de Nuestra Señora la Santísima Virgen con un niño Jesús en los brazos sobre una tablilla pequeña, y en dicha tablilla unas letras grandes, las cuales leyó dicho Rodrigo de Hoyos, y decían: 'Yo soy la Virgen de la Caridad', siendo sus vestiduras de ropaje se admiraron que no estaban mojadas, y en esto, llenos de gozo y alegría, cogieron sólo tres tercios de sal, se vinieron para el Hato de Barajagua".

Después los tres volvieron a Barajagua y la estatua de la Virgen fue instalada en una ermita del lugar, pero la imagen desapareció una noche y reapareció en la mañana, el hecho se repitió dos o tres veces más, hasta que los pobladores pensaron que la Virgen quería cambiar de lugar y fue colocada en el altar mayor de la iglesia parroquial, en donde estuvo unos tres años, pero también de allí desaparecía en algunas ocasiones.

Cierto día una niña, llamada Apolonia, subió hasta el cerro de las minas de cobre donde trabajaba su madre y vio la imagen de la Virgen de la Caridad en la cima. Los pobladores pensaron entonces que ella quería estar allí y tiempo después llevaron la estatua de la Santísima Virgen hasta su nuevo altar en ese lugar.

A petición de los veteranos de la guerra de Independencia fue declarada patrona de Cuba por Su Santidad Benedicto XV en 1916 y se fijó su festividad para el 8 de Septiembre.

Durante más de tres siglos la imagen de la Virgen ha permanecido en su Santuario del Cobre, con los años se comenzó a construir un templo de mayor tamaño, que fue inaugurado solemnemente el día 8 de Septiembre de 1927. En 1977, el Papa Pablo VI lo elevó a la categoría de Basílica.

No hay Patria Cubana sin la Caridad del Cobre

 

Al llegar el 8 de Septiembre, el pueblo cubano, en la Isla amada y en el amargo destierro, siente en el hondo del alma, la FE en la Virgen de la Caridad del Cobre, su gloriosa Patrona; fe que nadie ha podido ni podrá jamás arrancar de su corazón cristiano. Es el día de la festividad, desde hace siglos, de la Virgencita que tiene un trono en cada hogar cubano, bajo cuyo manto de ensueño las madres cobijan a sus hijos y que, en la manigua insurrecta, escoltada de palmeras, gano batallas para la Libertad.

Ella se convirtió en un símbolo de la nacionalidad y del patriotismo. Tanto es así, que en los días azarosos de las guerras por la Independencia, ser devoto de la Virgen de la Caridad era como ser partidario de los mambises. Y Ella fue en los campamentos una Mambisa más y los cubanos aclamaron a la

La Virgen de la Caridad del Cobre
como Patrona de Cuba.

Fue en la madrugada gloriosa del 10 de Octubre de 1868. Se acercaba la hora suprema y Carlos Manuel de Céspedes escribía un Manifiesto dirigido a las naciones diciéndoles que

"los cubanos desean ser libres
como hizo el Creador a todos los hombres."

También se ocupaba de la confección de la bandera. ¿Con qué hacer la bandera? Cuenta el historiador Rouset que Céspedes, apurado, tomó su muceta de abogado, que era roja; el vestido de bodas de su esposa y cortó un pedazo de la blanca tela; y, faltando el azul, tomó el manto azul de la Virgen de la Caridad que tenía en una urna; y con todo ello se hizo la bandera que momentos después tremolaba al grito de

"¡Viva Cuba Libre!"

en el batey de La Demajagua. El simbolismo reúne las esencias más puras de la sociedad cubana: la idea del Derecho, la idea del Amor y la Familia, y la FE en la Virgen de la Caridad del Cobre siempre presente en los momentos culminantes de la vida cubana. Aquella bandera habría de flotar en el humo de la pólvora.

Y la Guerra Grande se inició. El poblado del Cobre fue tomado por las fuerzas libertadoras al mando genial de Máximo Gómez. Avisado Céspedes, quiso el Padre de la Patria visitar la Villa y allá fue. Se dirigió al Santuario de la Virgen, a cuya puerta le esperaba el sacerdote. Le seguía la oficialidad cubana, entre la que descollaban Pedro Figueredo, el autor del Himno de Bayamo; Luis Marcano, Francisco Vicente Aguilera, Calixto García, Máximo Gómez, Donato Mármol; y entre los ayudantes, el comandante Rosendo Arteaga, padre del primer Cardenal cubano. Céspedes se arrodilló ante la Virgen y le rindió su espada Mambisa. El Santuario lleno de insurrectos era escenario de un acto trascendental: los Hombres del 68, los Hombres grandes de la Guerra Grande, postrados ante la Virgen de la Caridad rogándole por la Patria.

El Mayor General Ignacio Agramonte se vio copado por fuerzas superiores. Sólo le quedaba una brecha. Tenía que atravesar con sus noventa y seis hombres y eran trescientos los enemigos que la defendían e impedían el paso. Desenvainando su espada, Agramonte como en el rescate de Sanguily, arengó a sus reducidas fuerzas, esta vez con un solo grito nacido del alma del bayardo:

 

"¡Que la Caridad del Cobre nos ilumine!"

Y como tromba devastadora, la caballería de Agramonte marchó al galope y la brecha fue atravesada y el enemigo burlado.

Narra el General Miró que en el combate de la mano del muerto en la gloriosa campaña de Pinar del Río, a las tropas del Lugar Tte. General Antonio Maceo se le habían acabado las municiones. Frente a ella había un Ejército enemigo, poderoso y bien armado. Cuentan que un ayudante se acercó al General Antonio para insinuarle la retirada. El Titán de Bronce (Maceo) insistió en que se debía atacar. Alguien le interrogó: ¿Con qué vamos a cargar? Y el General Antonio Maceo respondió:

 

"Vamos a cargar con el machete y con la Caridad del Cobre".

Y ordenó la carga al machete.

El clarín cubano resonó electrizante. Le arrebataron al enemigo el parque que necesitaban. En el fragor de la lucha un soldado español se lanzó sobre Maceo y trató de clavarle un puñal. El arma dio en la medalla de la Virgen de la Caridad que llevaba Maceo sobre su heroico pecho y sólo le produjo un rasguño. Terminado el combate, Antonio Maceo dijo estas palabras: "Todos debemos darle las gracias a la Virgen de la Caridad del Cobre, porque Ella también esta peleando en la manigua".

Tal ha sido la Virgen de la Caridad del Cobre para Cuba: fuerza, aliento, fe y esperanza. Madres, novias, esposas, hermanas, prendían en las ropas de los héroes la medalla bendita. Así la llevaba Ignacio Agramonte. Así la llevaban los Maceo. Así la llevo Céspedes, los Moncada, López Coloma, los García, los Rabí, Máximo Gómez.

 

Y es José Martí, el Apóstol de la Independencia Cubana, el que en versos que tituló  Virgen Maria"  cuando iba por los caminos del mundo gritando el dolor de Cuba, dirigió a la Virgen este ruego vehemente:

"Madre mía de mi vida y de mi alma,
Dulce Flor encendida,
Resplandeciente y amorosa gasa
Que mi espíritu abriga"..
"Mata en mi la zozobra
Y entre la sombra de mi alma brilla....
!El peregrino muera!
!Que la Patria no gima".

En una clara mañana de septiembre, los Veteranos de nuestras guerras, portando una bandera cubana que quisieron ofrendarle a la Virgen, se dirigieron a la Villa del Cobre. Más de dos mil mambises, a caballo, como en los días heroicos, con seis Generales de la epopeya al frente, marcharon hacia el Santuario. Allí se reunieron Generales, Coroneles, Comandantes, Capitanes, Soldados todos del Ejército Libertador; y con ellos el Pueblo. "La Patria cubana--dijo el ilustre orador Manuel García Bernal--ha nacido al calor de vuestra devoción a la Virgen de la Caridad".

Y después, el General Tomás Padró Griñán , dio lectura al documento que los Veteranos de las Guerras de Independencia de Cuba dirigían al Papa, Jefe Supremo de la Santa Iglesia Católica. La voz del Alma Mambisa resonó en aquellos instantes y sus ecos vibraran por siempre en el alma de Cuba.

Y a nombre del Ejército Libertador y el Pueblo de Cuba se dirigió al Sumo Pontífice Benedicto XV:

"No pudieron, Santísimo padre, ni los azares de la guerra, ni los trabajos para librar nuestra subsistencia, apagar la fe y el amor que nuestro pueblo católico profesa a esa virgen venerada, y--antes al contrario--en el fragor de los combates y en las mayores vicisitudes de la vida, cuando más cercana estaba la muerte o más próxima la desesperación, surgió siempre como luz disipadora de todo peligro, como rocío consolador para nuestras almas, la visión de esa Virgen bendita, cubana por excelencia, cubana por el origen de su secular devoción, y cubana porque así la amaron nuestras madres inolvidables, así la bendicen nuestras amantes esposas, y así la han proclamado nuestros soldados, orando todos ante Ella para la consecución de la victoria y por la paz de nuestros muertos queridos; y acusaría una vergonzosa ingratitud por nuestra parte el que a los beneficios que esa Virgen excelsa nos prodiga, PERMANECIERAMOS INACTIVOS Y MUDOS y no levantáramos nuestra voz ante el Sucesor de San Pedro para que, haciéndose interprete de los sentimientos del pueblo católico de Cuba y de los de su Ejército Libertador que profesan la religión de nuestros antepasados, y usando de las facultades de que se encuentra investido, declare, previos los trámites correspondientes, como

 

PATRONA DE CUBA, a la
VIRGEN DE LA CARIDAD DEL COBRE

y de fiesta eclesiástica en ella, el día que lleva su Santo Nombre.

A Vuestra Beatitud suplicamos humildemente se sirva acceder benigno a nuestra solicitud.

Villa del Cobre, 24 de septiembre de 1915

 

 

El Mayor general Agustín Cebreco, Jefe de los Ayudantes del Titán Maceo, tomó en sus manos la bandera de la estrella solitaria y se la ofrendó a la Virgen de la Caridad, como símbolo de la unión eterna de la Patria cubana con la Reina del Cielo, en nombre del Ejército Libertador que la aclamaba por

¡PATRONA DE CUBA!

Virgen Mambisa

Madre, que en la tierra cubana
Riegas desde lo alto tu amor;
Madre del pobre y del que sufre,
Madre de alegría y dolor:
Todos tus hijos a ti clamamos,
Virgen Mambisa, que seamos hermanos.
Madre, que en tus campos sembraste
Flores de paz y comprensión:
Dale unidad a tu pueblo,
Siembra amorosa la unión.
Todos tus hijos a ti clamamos,
Virgen Mambisa, que seamos hermanos.

Madre, que el sudor de tus hijos
Te ofrezca su trabajo creador.
Madre, que el amor a mi tierra
                                  Nazca del amor a mi Dios.               
Música: Orlando Rodríguez
                                                                                                                                                Letra: Rogelio Zelada

 

 


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